La idea original me la dio mi hermanita Dorea. Ella lo está abordando con Sev y Lily en Hogwarts y yo de adultos, concretamente al poco de que Lily se case con James. Aviso: es algo... sucio. Pasan (o más bien pasarán) cosas malas.
¿Cuántas copas había tomado? No lo sabía. Muchas. Una por cada
latido que le había dedicado a ella. Ella. Con su pelo rojo, su dulce risa y
sus ojos verdes. Verdes... verdes Slytherin, como él.
Tenía que haber sido suya. Era suya. El maldito Potter se la había robado.
El maldito Potter tenía sus besos, su calor... y para él sólo había angustia,
deseo y whisky de fuego.
Tras dejarse lo que le quedaba de sueldo en copas, salió del pub
tambaleándose. A finales de mes, siempre hacía lo mismo: el mismo pub, en la
misma calle del condenado Valle de Godric. Por una de las ventanas se veía una
calle principal cerca de dónde ella vivía. Las noches en las que salía,
normalmente las de los jueves, podía verla al regresar a casa. Siempre colgada
del brazo de su querido esposo, con una sonrisa en los labios, hermosa, perfecta.
Imaginaba que era él, y no Potter, quien la acompañaba. En su mente, daban
un paseo por el pueblo, charlando sobre su dia a dia bajo la puesta de sol.
Después entraban a algún pequeño restaurante, íntimo y acogedor, donde ella se
sonrojaba ligeramente cuando él le apartaba la silla. Seguían charlando de todo
y de nada, disfrutando de una deliciosa cena y un postre compartido. Y después
caminaban de vuelta a casa, ella colgada de su brazo y sonriéndole, él
mirándola y contándole cualquier cosa.
Al llegar a casa, la cogería en brazos, como una novia, y la llevaría
arriba. La tendería en la cama y la cubriría de besos y caricias, quitándole
poco a poco la ropa. Ella reiría con esa risa adorable y tiraría de su ropa con
impaciencia, pero él la haría esperar, por el puro placer de rozarla, sabiendo
que la excitaba. Sus dedos recorrerían la piel erizada para descubrir unos
pechos generosos, suaves y tersos y su sexo, cálido y húmedo, reclamándole.
Enterraría la cara entre sus pechos, besándolos y lamiéndolos, saboreando su
dulce aroma, mientras se colocaba entre sus piernas y se introducía en ella. Le
haría el amor con cariño, con ternura, con delicadeza, tratándola como la
criatura perfecta que era.
Sí, en su mente todo era perfecto. Pero la realidad... la realidad era un
infierno. En la realidad, no era él quien le apartaba la silla, quien compartía
su postre, quien caminaba con ella del brazo, quien la desnudaba y le hacía el
amor. En la realidad, sus besos, su cuerpo, su calor, pertenecían a otro. A
Potter.
Salió del pub tambaleándose. Aquel día no la había visto. ¿Por qué no la
había visto? Tal vez el maldito Potter hubiese decidido follársela
directamente, sin molestarse en llevarla a cenar. Sí, seguro que había llegado
del trabajo, la había arrastrado escaleras arriba y le habría arrancado la
ropa. Seguro que le había hecho el amor... no, el amor no. La habría follado,
estampándola contra los muebles, haciéndola jadear, gemir y gritar.
Mientras caminaba a trompicones, se imaginaba cómo sería aquello. La
suavidad de su piel, sus jadeos, su humedad. Seguro que, independientemente de
si la acariciaba con ternura o la empujaba con brusquedad, gemía y gritaba como
una loca.
- ¿Severus?
Le pareció oír su voz. Cerca, a su espalda. Imposible. No era ella, era el
whisky de fuego. Ella estaba dejando que el maldito Potter la follara.
- Severus...
La mano de Lily se apoyó en su hombro con suavidad. Horas antes, James la
había llamado para avisarle de que aquella noche llegaría muy tarde. Al
principió pensó en cenar y esperarle mirando una película, pero finalmente
decidió dar un paseo bajo las estrellas. El cielo nocturno era precioso en el
Valle de Godric y una suave brisa traía el aroma de las flores de los jardines.
Había disfrutado de un paseo agradable y tranquilo, intentando hacer tiempo
hasta que llegara su esposo.
Le sorprendió ver una figura oscura y tambaleante, una figura que conocía
bien. ¿Qué hacía allí? Estaba lejos de su casa. ¿Habría ido a verla? Tal vez...
y tal vez se hubiese arrepentido en el último momento, cobarde como era. Tal
vez la idea de encontrarla en su hogar, con su recién estrenado marido le
resultara demasiado dura. Pero... ¿por qué estaba borracho?
- Severus - le obligó a volverse hacia ella, con cuidado para no hacerle
tropezar - Sev... soy yo, Lily. ¿Estás bien?
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