[ELLARIA-OBERYN-TYENE]
- ¿En qué estas pensando? - susurró Ellaria en el oído de su amante, para luego acariciarlo con los labios. Se incorporó un poco para seguir la mirada de Oberyn - Oh... ya veo...
Lo que atraía la mirada de su hombre era una figura joven, menuda y hermosa, brillante como el sol. No pudo evitar sentir una punzada de celos. Tyene, la pequeña Tyene, se había convertido en una de las jóvenes más hermosas que jamás hubiera visto. Podía verla desde la ventana. La muchacha estaba cuidando las flores del jardín. Una suave brisa hacía que su ligero vestido se pegara a su cuerpo, revelando sus formas, generosas sin resultar excesivas. El sol arrancaba reflejos dorados en su cabello rubio y Ellaria casi podía saborear la suavidad de su piel clara.
La pequeña Tyene... recordaba perfectamente el dia en que Oberyn se la entregó, acompañada por la aún más joven Sarella. También le encomendó el cuidado de sus dos hijas mayores, Obara y Nymeria... pero con ninguna tenía la conexión que tenía con la rubita. Desde el primer momento, fue su favorita. Una criatura hermosa, dulce y tierna, aunque con un punto de peligro si se la molestaba. Un rayo de sol, con su piel blanca y su pelo rubio, entre el mar de piel morena habitual en Dorne.
Con el tiempo, la niña que le ayudaba a trenzarse el pelo y jugaba con sus sedas se había convertido en una joven apetecible... a la que no le faltaban admiradores. La propia Ellaria se había sorprendido a sí misma rozando suavemente su piel cuando la joven le pedía ayuda para bañarse o vestirse.
- Es hermosa - comentó
- Sí - la voz de Oberyn sonaba algo ronca. Ellaria no supo decir si se debía a la reciente maratón sexual que habían tenido o a la visión de la joven. Se parecía a la forma que tenía de hablarle cuando, años atrás, le decía que la deseaba como no había deseado a otra mujer.
- Más que ninguna joven del palacio.
- Posiblemente
Un joven se acercó a hablar con ella. Ellaria no se sorprendió. Tyene era bonita, y sabía (la propia muchacha se lo había contado) que no pasaba un dia sin que dos o tres jóvenes se atrevieran a cortejarla. Tampoco le sorprendió que Oberyn emitiera un gruñido ronco y bajo al verlo.
- No le faltan pretendientes - añadió, juguetona - dos o tres diarios... a veces más
- Ninguno suficiente para ella
- Oh, no. Desde luego - Ellaria se quedó pensativa un momento. Sí, Tyene podría escoger a cualquiera. Aquel chico no era más que un mozo de cuadra, pero sabía que más de un señor le había enviado regalos. Y sin embargo, la niña los rechazaba a todos... una leve sonrisa apareció en sus labios. Se recordó a sí misma a su edad. Recordó algunas conversaciones con la joven. Y una idea floreció en su mente - Ella no quiere escoger a cualquiera - dijo, al fin - y creo saber la razón
- ¿Ah, si? - Oberyn intentó darle un tono casual a la pregunta, pero Ellaria lo conocía demasiado bien. Había despertado su interés
- Ella no quiere entregarse a un hombre cualquiera.
- Entreg... quieres decir... ¿me estás diciendo que la más hermosa de mis hijas aún es doncella?
- Tan doncella como el dia que la pusiste a mi cuidado - Ellaria deslizó una mano por el pecho de Oberyn, acariciándolo. Sintió cómo se estremecía suavemente, no sabía si por la caricia o por saber que su querida hija seguía siendo virgen.
- ¿Cómo es posible?
- Sencillo - empezó a acariciarlo y besarlo mientras hablaba - No quiere entregarle esa parte de sí misma a cualquier hombre. Desea un hombre en concreto. Un hombre fuerte, bueno y experimentado. Un hombre seguro de sí mismo, un hombre que sabe tratar a una mujer... - lo obligó a girarse y mirarla a los ojos - Un hombre que la ame y se asegure de que su primera vez sea algo mágico - Aguardó a que sus palabras calaran en él. Los ojos de Oberyn se abrieron, al igual que su boca, conforme procesaba la confesión.
- ¿Me vais a decir que nunca lo has pensado? - deslizó una mano por su pecho, en dirección a su entrepierna. Sabía que se estaba excitando.
- Es mi... mi niña... - allí estaba. Aquel destello que precedía a sus fantasias. Un destello de lujuria que aparecía en sus ojos cada vez que alguno de los dos proponía algo que en principio estaba mal, que era prohibido... pero que a los dos amantes les excitaba.
- Es una mujer. Y como mujer, sabe lo que desea
- ¿Me estás diciendo...?
- Podrías tenerla si lo desearas - cerró la mano en torno a su miembro semierecto y empezó a acariciarle - ¿Lo imaginas? Ese cuerpo menudo... hermoso... tierno... todo para ti...
Oberyn cerró los ojos. Ya estaba completamente erecto. Ellaria no iba desencaminada, la rubia había atraído la atención de su padre.
- Ellaria... es mi hija... - su voz sonaba casi como una súplica. Y ciertamente lo era. Oberyn imaginaba que era su niña y no la morena quien estaba jugando con su miembro... no era la primera vez que lo hacía, y no era la primera vez que se decía a sí mismo que aquello no estaba bien.
- ¿Y acaso serías el primer padre en hacer mujer a su hija? - al tiempo que acariciaba su miembro, empezó a jugar con uno de sus pezones mientras rozaba sus labios
- Es mi niña... - repitió, más para convencerse a sí mismo que para convencerla a ella.
- ¿Y quién mejor que tú para tratarla bien? Tú le mostrarías lo hermosa que es y lo mucho que puede disfrutar... ¿o prefieres que cualquier desgraciado la tome como a una puta cualquiera?
- No... eso no. - ni pensarlo. Tyene era demasiado... demasiado... ¿qué? ¿bonita? ¿delicada? Maldita niña rubia y maldita Ellaria - Ella es demasiado hermosa para eso.
- Por supuesto - la mujer se alzó y se acomodó sobre él, penetrándose - Cualquier otro la rompería. Tú, en cambio...
- Yo la cuidaría - Oberyn suspiró. Ellaria le leía la mente. Él deseaba a su hija, ella lo sabía... y la muy zorra... - Yo le mostraría... - la frase murió en un ronco gruñido de placer.
- ¿Quién mejor que su adorado padre para mostrarle las delicias del sexo? - Ellaria aceleró la cadera, empezando a jadear suavemente - ¿Quién mejor que su padre para ser su primer amante? - Oberyn la sujetó por las caderas - ¿Quién mejor que... aaaaaah... que tú... que nosotros para enseñarle...? - no pudo continuar. La idea la excitaba a ella también, y las manos de Oberyn la obligaban a moverse más rápido. Entre la excitación y la sensibilidad por el sexo reciente, sentia su sexo húmedo y ardiente, y apenas era capaz de contener sus gemidos. No tardó en correrse por enésima vez, pero Oberyn no la dejó parar hasta que, pasados unos minutos, derramó su semilla en su interior.
- Yo puedo preparártela - jadeó, recostándose sobre él, algo temblorosa
- ¿Puedes?
- Desde luego. Puedo meter a tu querida niña en tu cama y hacer que abra las piernas para ti.
- ¿Y qué me va a costar eso? - Oberyn sabía que Ellaria consentía sus devaneos y complacía sus deseos y fantasías... a cambio de un precio. Un precio teñido por sus propias perversiones
- ¿Se le puede poner precio al amor entre un padre y su hija? - lo cierto era que ella también deseaba a la rubia... e imaginarla entre los brazos de su padre era algo que la volvía loca - Sólo quiero estar presente. Sabes que la considero mi hija... quiero asegurarme de que la tratas como la criatura delicada que es.
- Ambos sabemos que la fragilidad de Tyene es más aparente que real - Oberyn rió - Está bien. Inténtalo. Consigue convencerla de que se meta en nuestra cama, querida mia... y te dejaré disfrutar de ella y de lo que desees.